Les juro.
Oír a Muse, en la noche-madrugada, mientras viajas a través del desierto, es una de las cosas más increíbles que se pueden hacer, lo mejor, es que solo necesitas estar sentado frente a la ventana, mirando las estrellas, y la luna...que estaba más llena que nunca. Ayer-hoy, no se me va a olvidar ni en un millón de años...trazar el contorno de las montañas con los dedos, pensando en el espacio abierto...viendo supernovas imaginarias danzando frente a ti...se te olvida todo. Hasta cómo te llamas.
Fue completamente inspiracional...lo juro. Y tenía tantas ganas de escribirlo todo...pero, eso de andar a lado de tu compañero de viaje, que no sabe absolutamente nada de tu hábito de escribir, pues como que inhibe ese deseo de plasmarlo todo. Y luego llegué aquí, frustrada, porque ya que tengo papel y pluma no sé cómo diablos describirlo.